29/09/2017

Tercer Milenio

(Descargar Letras)

01. Hacia el tercer milenio
02. Bendita seas María
03. José pechador
04. Anímate familia
05. Levadura de otro pan
06. Tu amor en mi
07. Nuestra misión
08. Tu llamado
09. Cataeko

1- Hacia el tercer milenio

Cuando en ningún lugar en universo estaba,
pues espacio no había ni las horas pasaban,
sólo existía el Padre que desde siempre amaba
y sólo amando al Padre vivía la Palabra.

La Palabra dijo Amor y estalló el Universo,
iniciando el espacio, dándole marcha al tiempo.
Toneladas de roca entre abrazos de fuego,
preparaban al hombre una tierra y un cielo.
Como el tiempo que pasó vibra el tercer milenio hoy.

Llegó, la plenitud de los tiempos. (4).

La Palabra que acampó desbordó el Universo,
derramando su Espíritu en el paso del tiempo.
Allí surgió la Iglesia que hoy clama un Jubileo,
celebrando con gozo este tercer milenio.
A dos mil años que llegó Cristo sigue salvándonos.

2- Bendita seas María

En un silencio profundo tejías plegarias
a un Dios que escuchaba tus simples palabras,
pequeña María entregada a su amor.
Y en una tarde tranquila rompiendo el silencio,
las alas de un ángel, sonaban al tiempo
que te saludaba de parte de Dios.

Bendita seas María entre toda mujer,
has encontrado Gracia a los ojos de Dios.
María, Madre suplicante, ayúdame
también a escucharlo a Él.

Fue la Palabra más dulce que tocó la tierra,
la que te propuso cumplir la promesa
de que nacería nuestro Salvador.
“Hágase en mí como has dicho;” respondiste al ángel,
y el Santo Espíritu descendió al instante.
Te habías convertido en Madre de Dios.

Bendita seas María, hija del Padre,
Esposa del Espíritu , Madre del Emanuel.
María, Madre de Jesús, ayúdame,
también a decir amén.

3- José pechador

José, quiso Dios elegirte, pechador de la vida,
buscador de su amor.
José, con tus manos curtidas, un día acariciarías
el milagro mayor.

No llamó Dios a un gran sabio, a un filósofo, a un doctor;
sino a un carpintero buen trabajador.
Un buen hombre que pelee por el pan para comer.
Manos fuertes/ para su Hijo sostener.

José, tu emoción crecería, en la cueva vacía,
que esperaba al Señor.
José , tu sencilla madera, fue valiosa a en entrega
porque tuvo tu amor.

No llamó Dios…

José, cuando pienso en tu ejemplo,
no me pesa la lucha de esperar al Señor.

4- Anímate familia

Llegando a Nazaret a un carpintero vi,
contándole a su hijo como cuesta subsistir.
También a una mujer, que al amasar el pan,
cantaba sin dejar de trabajar.

Anímate familia no calles tu voz;
eleva tu mirada hacia el Señor,
pues dentro de tu seno surge el resplandor,
del hombre que descubre un nuevo sol.

Familia, debes ser un camino al amor,
que en medio de las luchas y el tropiezo, de calor;
ejemplo de unidad en la desolación,
semilla de otra civilización.

5- Levadura de otro pan

Mira que está esperando un nuevo mundo
tu voz y tus propuestas para andar.
Mira que en tu mirada de maestro,
está Jesús queriendo predicar.

Mira que está tu vida preparada,
para escribir la historia sin trazar,
mira que están tus manos señaladas
para ser levadura de otro pan.

Te espera a Ti ser levadura, levadura de otro pan;
te espera a ti ser levadura, de una nueva humanidad.

Dios puso al carpintero la madera,
al viñador, la uva y el lagar.
Pero en tus manos puso los tesoros
que habrán de reparar a la sociedad.

Tal vez todo el camino no sea fácil,
y hasta tus fuerzas lleguen a mermar,
pero no olvidarás este llamado:
“debes ser levadura de otro pan”.

6- Tu amor en mí

Yo te abandoné sin ver que te mataba mi pecado,
lejos me marché, dejando tu amistad hecha pedazos.
No me importó perderte, en la cruz, hecho dolor,
ni me movió la herida, que se abrió en tu corazón.

Mas tu amor hoy vive en mí ;
mas tu amor hoy vive en mí. Señor;
mas tu amor hoy vive en mi

Yo te abandoné, entre los brazos de tu Madre amada,
lejos me marché, pero ella continuó con sus plegarias.
En un sepulcro frío yo dejé mi corazón,
tapado por la piedra de mi falta de oración.

Yo te abandoné, mas siempre me esperaste con tu abrazo.
Lejos me marché, más siempre me llamaste a tu regazo,
no me importó perderte, más me diste tu perdón;
no me movió tu muerte, ni ofenderte sin razón.

7- Nuestra misión

En las cercanías de Betania, el Resucitado los citó,
antes del volver al Padre, les dio la última consigna:
“salgan todos a anunciar mi amor”.

Bauticen a todos los que crean; lo que ustedes vieron cuéntenle.
Sus hechos y sus palabras le darán vida a los hombres
con la fuerza que les enviaré.

Ascendió, ascendió (2).

No sigas mirando para arriba, échale un vistazo a tu interior.
Si el Bautismo has recibido, su Espíritu está contigo
y Él te ha dado ahora una misión.

Eres un discípulo de Cristo, no puedes quedarte sin hablar.
Si en tu corazón lo sientes, que no haya duda en tu mente
busca pronto una comunidad.

8- Tu llamado

Como cualquier otra historia de amor,
tu vida fue encendiéndose de a poco;
te basta sólo con cerrar los ojos
para sentir que está en tu corazón.
Buscas una respuesta en tu interior,
porque todos te dicen que estás loco;
y tu alma te responde: síguelo a Jesús, tu Señor.

Tú, puedes seguirlo, puedes amarlo y abandonar en el tu vida.
Es tu momento, te está llamando, puedes dejarlo todo por Él.

Quizás tu digas: “nada tengo yo”,
pero tienes todo lo que Él te ha dado:
tus manos, tus oídos y tu voz,
para ser instrumento de su amor.
Los hombres necesitan de tu “si”,
de tu fidelidad a su Palabra;
de que te hagas pequeño y Cristo así crezca en ti, crezca en ti.


9- Cataeko

Cataeko, Cataeko, Cataeko
Cataeko, Cataeko, Cataeko
Su Palabra resuena en mí
Su Palabra resuena en mí
Su Palabra resuena en mí

La Palabra del Padre es amor que se entrega
y al salir de su boca hace al hombre vibrar.
Va de ola en ola a través de los mares
sube por las montañas y a las praderas va.

Cataeko…

Un día al otro día le transmite el mensaje,
una noche a otra noche se lo vuelve a contar.
Del apóstol al hombre que vivía en su era.
De los que ya nacieron, a los que nacerán.

Cataeko…

Palabra itinerante va de padres a hijos
y del hijo que crece, hasta su ancianidad.
Tu misión catequista, es pregonar el eco
para que todo hombre pueda a Cristo encontrar